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Verba tibi supersum

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Mi boca se hace agua…

Mi boca se hace agua. A mano el fuego.

Besar es una excusa preciosa para cambiar el mundo. Llámalo estímulo o motín del «salvado por la campana». 
He hecho una autopsia al paraíso, pero ha sido inútil. La tentación es una estela que me acerca a sus dominios, que me tiene vocación. 
A veces, me eres una canción de Joe Cocker, un par de hielos de rally por mis muslos, la manera ambiciosa en la que mis pulmones subrayan «hoy no importa olvidarse de respirar». 
Mis ojos se han quedado intercalados en los recuerdos.

«A tu lado» es el mejor allanamiento de morada que puedo permitirme. 
El deseo vive de un desnudo con batalla campal, una manera de avivar mordisco al lobo feroz. Ese personaje que, desde hace mucho, soy yo.
La atracción como portavoz de las distintas maneras que tienen de morirse los huesos.

Tu piel al contacto es el único héroe que me puede salvar, un auxilio, un esquivar el ateísmo. 
Tú.
Como si aquello que llaman pecado fuera el dictado y tus labios el origen de su creación.
Tú.
Porque tan hombre con hambre,

dragón caballero,

Don de la incitación.
Tan instalarme pájaros en el corazón

hasta meterme tu cuerpo en las venas.

Tan sexo víctima de amor 

y amor en formato contigo.
Sentir es un verbo que no sabe hacerse el muerto. Modus operandi: Te quiero.
~María Donoso~

​POR COSTUMBRE

Me he acostumbrado a ser una maniobra de Heimlich innecesaria porque se estaba bien con el corazón fuera de la caja torácica. En la punta de la lengua, tomando el aire. Por eso, llevo sus efectos secundarios en una caja de embalaje que apesta a pretéritos, pero no consigo empresa de mudanza que quiera contacto con el verbo «volver».
La comodidad ya no lleva bragas y me pone su carne en bandeja sabiendo que estoy en huelga de hambre. 
Siempre con esta fijación por el drama como quien ama la quemadura que es huella del clavo que arde y utiliza como agarre la mano que le da de comer…hasta envenenarle.

No puedo evitarlo. Llevar en cada arañazo un funeral y llorar hasta dejar a la lluvia fuera de combate.
Sí, otro vicio, el jaque mate.
Sin embargo, el morbo me acecha cuando hablan de imposibilidad y me lanzo de cabeza a bocas que espero que sean de lobo y vayan a matar.

Con la sonrisa incorrecta, cuadro de esquina torcida, refugio de mueca. Muy estilo da Vinci. O no. Quizá sólo sea la admiración haciendo de las suyas.
Si pudiera darme nombre sería algo así como «Ángel con entrañas de ceniza». Tampoco me disgusta «Apología de mí misma», pero aún estoy en tablas con mi ego.
Tengo un dolor hipocondriaco al que mezo en mis costillas para hacerle saber que no voy a dejarle de sufrir. Que he aprendido a doler con el cura-sana y ya no pido disculpas si no es a mi madre.
Busco en mis zapatos de colegiala los genes de las piedras que me estorbaron y leo en sus márgenes que la vida era esto: un maestro con las rodillas desgastadas inventando sus ganas de sobrevivir. 

Y, por primera vez, reconozco en las puertas de los baños del instituto la verdad. La verdad de que fuimos autopsias emocionales, que no nos temblaba el alma antes de disparar lo que estábamos sintiendo. Que vibraba la carne contra la carne, que los huesos llegaban a ser talismanes por los que morir.  
¿Y ahora qué? ¿Nunca más?
Mi soledad es un trato con el futuro. Ya no me escondo, no asumo el «de cara a la pared». Ni por mí ni por todos mis compañeros.
Ahora soy una caja de Pandora abierta en canal que destapa el caos y deja en reserva la esperanza.
Me he acostumbrado. Me he acostumbrado a que las palabras sean doctores honoris causa en mi latir. 
~María Donoso~

​’QUE EL PARA SIEMPRE NOS PILLE CONFESADOS’

Ya que conocemos los tics de nuestros vicios, 
las treguas entre nuestros humos,

la rendición de la carne,

la declaración de la renta de besos

abiertos en canal

y la redención in nomine patris, 

que aquí en la tierra como en el cielo,

nos va a dar igual.
Vengo a decirte que estas sábanas

piden barricadas en la pasión. 
                           Y tengo las manos alistadas 

                            en el pelotón de combate.
No valen excusas,

sé mi capitán en el avance.
Debo un torniquete a cada grieta del hogar,

un seguro a terceros que cubra la luna

los días de aniversario, 

inventar un rosario donde los pezones

sean las primeras cuentas que rezar,

poner a tiro de vacuna los cariños

en vía de garganta del ahorcado.
La rutina no ocupa lugar 

si consta en acta

que los orgasmos son partidarios.

Como la burocracia cuando termina relegada

a las crayolas de un infante a rienda suelta. 
Vuelvo a decirte que, 

a mis endorfinas pongo por testigos,

la felicidad se pone digna cuando hablo de ti. 

                                

                                     Y no eres ausencia.
Quiero un cuerpo a tierra en la alcoba

donde dar por buena mi candidatura a refugio, 

una adrenalina fuera de serie

con andares de killer,

mientras un para siempre en ciernes

cuelga el cartel

nunca

de fuera de servicio.
Vengo a decirte que soy tu ofrenda, 

sin complejo de sierva.

La vena que hay que encontrar a tientas

para saber qué esconde este alma

que no te suelta.
Y, mi vida, puedo ser todo lo que te pasa,

pero que siempre se queda.
~María Donoso~

​”FUEGOS AFICIONADOS”

Hay fuegos aficionados que 

se valen de los aplausos de sus quemaduras

para ser la opción perfecta

de un preludio de lucha. 
Como yo, que me he visto en la gloria

paseando llaves de judo sin correa,

esquivando al subterfugio para hacer historia,

pariendo más de una ronda 

de instinto de supervivencia.
Pero conste en el recado,

no voy a acabar con esta puta guerra

si no me ofrece la paz, 

personalmente,

un mano a mano.
Me duele el vicio que acaba en nicho,

que si se ama breve

termina bajo tierra

por ser diagnosticado de capricho.

Y yo soy de las que nunca han entendido 

que, si te has enamorado,

exista el derecho de huelga .
Hay fuegos aficionados que

confiscan del pecho

todo lo que menos les corresponde.

Que a menudo suele ser lo que más apetece,

como el convenio entre 

un suicida y su causa de la muerte.
Me asombra la voluntad tan férrea 

de negar lo evidente,

como la vida haciendo de atentado

para ser ausencia,

como un adiós entre amantes 

que resulta despido improcedente,

como el placer que suplica 

por servirse en bandeja.
Hay fuegos que por aficionados

son los que mejor encienden.

Los que, aun críticos, llegan a ese estadio

donde saben que deben quererse.
Es entonces cuando,

 y merece la pena,

incendian.
~María Donoso~

​’CONFESIONES EN MÍA LA CULPA’

Por supuesto que busco
el estado ilegal de mi lengua.

Que es el justo,

no necesita que le lean los derechos.

Que el que calla no solo otorga,

también pierde el pulso,

se vuelve recluso.

Y ya sabes que matar las palabras,

más por literalidad que por gusto,

me parece repulsivo.
Por supuesto que mis llagas

no necesitan de la aprobación

de un Santo Tomás yendo de tipo duro. 

Que ya me he encargado yo

de meterme los dedos en cada recoveco

 huérfano de ángel de la guarda.
Mis heridas renuncian 

a cuidarse las espaldas.

Como “Darlings” se levantan la falda, 

lo justo y necesario,

para que puedan juzgarlas

bien por putas o por damas.
Por supuesto que estoy jodida

si me miras el reverso. 

Tengo apnea en los ojos 

cada vez que leo el epitafio 

de quien me llevaba a hombros.

Y la patente de la risa 

se tambalea “motu proprio”.
No me crecen los enanos, 

y en la Mancha los gigantes 

ya no viven ni para los locos.
No queda otra.
¡Camarero, una de monstruos!
Por supuesto que llego a ser el colmo. 

Me monto películas del fin del mundo, 

con sus ademanes de catástrofe y todo.

La tristeza es mi vecindario,

no marginal,

sí pobre.

Tiene sus detalles con mis rotos.
Me han descatalogado del rumbo indoloro,

pero mi euforia, 

como un día la debilidad de Aquiles, 

está en el tobillo. Sin escapatoria.
Por supuesto.

Por tú-puesto sobre mis guerras,

pintando en mis venas ‘La rendición de Breda’, 

no voy a quedarme sin fuerzas.

Que te debo, desde la locura, el remate 

que nos corresponde por amantes.
Por supuesto, toda cicatriz 

podrá ser utilizada a mi favor

si a mi lado, 

cual abogado, a-bocados, 

me defiendes desde la tribuna del amor.
~María Donoso~

​”Puesta en escena de la ternura”

Cuando me pongo tierna,
apadrino armas de doble filo que, 

tarde o temprano,

hacen daño. 
Ironías, en virtud o defecto, 

del fracaso.
Aunque firmo la sensibilidad 

ante el notario.
Como quien pretende domar los labios,

teniendo por bestias a sus besos,

y repara que en el cuento

el feroz

venía a ser el experto.
En seducción.
Mi Caperucita recibió 

instrucciones de Nabokov.
Cuando me pongo tierna, 

amenaza la adrenalina

con soltarse la melena 

y vestirse con fuego de estar por casa.
Pongo en la despensa

un par de alas de gran reserva,

un vértigo de ocasión especial,

una nave espacial con dirección quimeras.
Por unos segundos el destino

en el papel de oficial de primera;

y la suerte está tan cerca

cual piel debajo de cremallera.
Cuando me pongo tierna,

asoma un brote de lujuria

que ni por buenas ni por malas

encuentra modo de cura.
Con el morbo hasta las alturas,

a ver si se anima Dios,

por el amor.

‘You can leave your hat on’,

we are on fire.
Y después “virgencita, virgencita

 que me quede como estoy”.
Cuando me pongo tierna, 

en un intento de sacarle provecho 

al perímetro de la carne,

dejo caer un motín en la escalera 

que promete follarse,

a lo requiescat in pace,

el camino hacia la guerra.
Cuando me pongo tierna…

Puntería al dedillo,

te amor(tizo).

Con la expectativa y la intención

de que aquello que empieza como delirio

en verdad resulta un te quiero. 
Pero como único ejemplo:

Contigo.
~María Donoso~

​”La raíz de la tristeza”

Cuando vengan a presentarme su parte de defunción 

todas las canciones tristes,

con su miedo ajustado al humano,

afrontaré el vértigo de agarrarse al precipicio

 con la esquina de una mano.
Por fin, el adiós, 

con el brazo en cabestrillo, 

suficientemente​ harto 

de ser víctima de maltrato.
Cuando el olvido deje de ser esa estación de metro,

a la que miro como si viviera en el anonimato,

para ser aterrizaje de mis pasos.
A orillas el prospecto,

por si en un arrebato, 

tuviera que bajarle la fiebre al pasado. 

Sin excesos de cura,

que lo auténtico del dolor es

la imposibilidad de llegar al total de sutura.
Cuando haga un drama sin previo aviso,

donde morimos de risa a las 00:00,

 y yo con estos pelos.

‘Tristear’ ya no será meta ni motivo,

tras descubrir que hay 

lágrimas independentistas. 
Cuando a la guantera le dé por

presentar la jubilación

a todo kilómetro andado en ciertos planetas

y lleve los mapas a la peluquera

para que le añada extensiones.
Quitar el mundo de los talones, 

pues estaba a mis pies, 

despeinarle,

apadrinar un aire humilde.

Y, así, seguir sin él.
Cuando no sean sólo mariposas,

sino toda fauna de la sabana Africana

la que pataleé en mis entrañas.

Con el Hakuna Matata,

ebrio de ser eslogan en la rutina diaria.
Y me despierte contigo,

abrazada,

sin los antecedentes de una duda fulana 

o empresa de furia villana.
Cuando “Nosquedemostogetherforeverinlacama”

y el principio de acción-reacción sea:

Te quiero. Yo te quiero más.

El agravante vaivén del que se ama

con caída libre de bragas, babas y alma.
Cuando lo último que me quede por perder no sea la vida o la esperanza,

sino a ti.
Y en un acto de maldad del destino, 

coronarme ese calvario,

donde llegara a ocurrir.
Entonces, cariño, sí que sí.

Podré decir que la tristeza, 

sin opción a protesta,

tiene razón de existir.
~María Donoso~

​”Menudo fichaje”

La singularidad es un búnker;
una habitación que para ser refugio

apesta a hemorragia.
Como quien mira una silueta

en el suelo,

a tiza, 

respetando el perímetro.

Primero colgado del miedo

y, después, al menos el consuelo

de no haber ocupado el lugar del muerto.

De momento.
Fuera suena el toque de queda,

all together now, 

rebaño sin negras.
Pero qué sentido tiene ir si

mi interior ha hecho sitio a la guerra.

En un ataque ingenuo tamaño titán

me presento voluntaria para sangrar

y empaño los cristales escupiendo de venas.
Esquivo el auxilio de una religión 

con tantas lagunas como ahogados

abandonados por la mano de 

una omnipresencia de quita y pon.
Lo siento, pero no.
Que mi existencia aspira

a ser un pecado capital.
(Sonrío desde un photocall)
Una foto para el expediente

que van a abrirme los bochornos.
Y es que resulta que al destino 

tengo por cobrador del frac,

pero no es para tanto.

Llevo demasiados abrazos

para pasar las aduanas

a orillas del juicio final.
No hay caso.
De aquí, vida mía, me largo sin fichar.
~María Donoso~

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